🎄 Más que una Fiesta: El Nacimiento que Cambió la Eternidad

Cuando celebras a Jesús, celebras la eternidad que te fue regalada.
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
— Isaías 9:6
Cuando la Navidad se vuelve costumbre
Diciembre llega con luces, risas, música y un ambiente que parece envolverlo todo.
Algunos celebran porque reciben un pago extra, otros porque disfrutan las fiestas, los reencuentros y las tradiciones familiares.
Y sí, todo eso es hermoso, pero la Navidad no se trata solo de celebración, sino de conmemoración.
Detrás del brillo y los regalos, hay una verdad eterna:
un Salvador nació, y con Él comenzó el plan que cambiaría el destino de la humanidad.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”
— Juan 3:16
El amor que descendió del cielo
Dios, en su infinita misericordia, decidió enviar a su Hijo para reconciliar al hombre con Él.
Jesús, el Rey del universo, dejó su trono, su gloria y su majestad para venir a este mundo, no como un conquistador, sino como un bebé indefenso, nacido en un pesebre.
Su nacimiento no fue casualidad; fue la ejecución del plan de redención que el Padre había preparado desde el principio.
A través de Jesús, Dios mismo se hizo cercano. Se hizo Emanuel —Dios con nosotros.
“He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”
— Mateo 1:23
La verdadera razón para celebrar
No celebro solo una fecha, sino una realidad que cambió mi eternidad.
Celebro que Jesús decidió venir cuando yo no tenía forma de acercarme a Él.
Celebro que, por Su gracia, fui perdonada y justificada, no por mis méritos, sino por Su sacrificio.
Él vino a mostrarnos que no hay distancia tan grande que Su amor no pueda cruzar,
ni pecado tan profundo que Su sangre no pueda limpiar.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”
— Romanos 5:1
Su nacimiento es más que un evento histórico.
Es la puerta abierta hacia la vida eterna.
Cada año, cuando el mundo enciende luces y canta villancicos, yo recuerdo que la luz verdadera vino al mundo y nunca se apagará.
Refinados para servir
El fuego del Espíritu Santo prepara a los hijos de Dios para ser instrumentos útiles, santificados y dispuestos.
Su propósito es limpiar, moldear y fortalecer.
No te resistas al fuego: abrázalo.
Porque el mismo calor que duele, es el que purifica y te hace más parecido a Cristo.
“Si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra.”
— 2 Timoteo 2:21
No fue una historia más… fue el inicio de tu historia
El nacimiento de Jesús no es solo un bello relato del pasado;
es la evidencia viva de que Dios cumple sus promesas.
Fue el inicio del camino que llevaría a la cruz, pero también el principio de nuestra libertad.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
— Filipenses 4:13
Así que esta Navidad, no te quedes solo con la emoción de la época.
Celebra al Autor de la salvación, el Dios que se hizo hombre para que tú y yo pudiéramos volver al Padre.
Porque más allá de las luces y los regalos, Jesús es el regalo que cambió la eternidad..
Oración
Señor Jesús,
gracias por venir al mundo por amor.
Gracias por dejar Tu trono y revestirte de humanidad para salvarme.
Hoy quiero detenerme y recordar que no celebro una fecha, sino un hecho eterno: Tú viniste a darme vida.
Perdóname por las veces que he hecho de la Navidad una costumbre y no una adoración.
Hazme consciente de Tu presencia en cada día de mi vida, y que mi corazón sea un pesebre donde siempre haya espacio para Ti.
Que mi celebración sea sincera,
que mi gratitud sea constante,
y que mi vida entera sea testimonio de Tu amor.
Gracias por nacer, por morir y por resucitar por mí.
En Tu nombre, Jesús,
Amén.

