Seleccionar página

Entre hacer y Ser: El Síndrome de Marta

“Marta, Marta, afanada y turbada estás“

Cuando leemos la historia de Marta y María, nuestra inclinación natural es admirar la actitud de María y señalar inmediatamente a Marta. Criticamos su afán, su preocupación por las tareas y su aparente incapacidad para detenerse ante la presencia de Jesús. 

Sin embargo, si miramos esta historia con detenimiento, podemos encontrarnos con una verdad incómoda: muchas veces nosotros también somos Marta. 

Decimos que Dios es el centro de nuestra vida, que Él ocupa el primer lugar y que nada es más importante que nuestra relación con Él. Pero nuestras acciones pueden estar contando una historia diferente. 

Trabajamos, estudiamos, atendemos nuestras responsabilidades, resolvemos problemas, hacemos planes y llenamos nuestra agenda de compromisos. Cuando finalmente terminamos, si todavía nos quedan fuerzas, entonces buscamos a Dios. 

Sin darnos cuenta, hemos convertido al Señor de nuestra vida en un invitado de honor que debe esperar hasta que terminemos todo lo demás para recibir nuestra atención. 

“Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” 

Lucas 10:41-42 

El Camuflaje de las Excusas Válidas

Muchas veces justificamos nuestra falta de intimidad con Dios bajo el nombre de la responsabilidad. 

Decimos que necesitamos prepararnos académicamente para servirle mejor, trabajar para sostener nuestra familia, cumplir con nuestras obligaciones, desarrollarnos profesionalmente o atender las necesidades de las personas que amamos. 

Y ciertamente, ninguna de estas cosas es mala. 

El problema comienza cuando aquello que es bueno termina ocupando el lugar de lo que es necesario. 

Marta no estaba haciendo algo incorrecto. Estaba sirviendo. 

Jesús había llegado a su casa y ella quería atenderle. Sin embargo, mientras Marta estaba ocupada haciendo cosas para Jesús, María había decidido sentarse a estar con Jesús. 

Esa diferencia debe llevarnos a reflexionar. 

Porque también nosotros podemos pasar nuestros días haciendo muchas cosas para Dios y, al mismo tiempo, descuidar nuestra relación con Él. 

Podemos servir en la iglesia y no tener tiempo para orar. 

Podemos enseñar la Palabra y no detenernos a escuchar lo que Dios quiere hablarnos personalmente. 

Podemos estar ocupados ayudando a otros y olvidar que nuestra alma también necesita permanecer cerca del Padre. 

Podemos conocer versículos, asistir al templo y participar en diferentes ministerios, pero haber perdido lentamente la intimidad con Aquel por quien hacemos todas esas cosas. 

Entonces debemos preguntarnos: 

¿Estoy haciendo muchas cosas para Dios mientras dejo de estar con Dios? 

Cuando Dios Recibe lo que nos Sobra

Después de cumplir con todas nuestras responsabilidades, llegamos cansados al final del día. 

Entonces recordamos que no hemos orado. 

Que no abrimos la Biblia. 

Que llevamos días diciendo que necesitamos pasar tiempo con Dios. 

Pero estamos agotados. 

Así que volvemos a posponerlo. 

Mañana oraré. 

Mañana leeré la Palabra. 

Mañana tendré tiempo. 

Y así, poco a poco, comenzamos a entregarle a Dios las sobras de nuestro tiempo y de nuestras fuerzas. 

Le damos minutos cuando hemos entregado horas a todo lo demás. 

Y aunque seguimos diciendo que Él ocupa el primer lugar, nuestra agenda demuestra algo diferente. 

Tal vez necesitamos hacernos una pregunta difícil: 

¿Ocupa Dios realmente el primer lugar de nuestra vida o recibe solamente lo que queda después de atender todo lo demás? 

Porque nuestras prioridades no se demuestran únicamente con palabras. 

Se demuestran con aquello a lo que entregamos nuestro tiempo, nuestra atención y nuestro corazón. 

La Buena Parte

Jesús nunca le dijo a Marta que trabajar, servir o atender sus responsabilidades fuera incorrecto. 

El problema era otro. 

Marta estaba tan ocupada con muchas cosas que había perdido de vista la única que Jesús consideró necesaria. 

María entendió algo que nosotros también necesitamos recordar: hay momentos que no debemos negociar. 

Momentos para sentarnos a los pies de Jesús. 

Para escuchar. 

Para orar. 

Para abrir la Palabra. 

Para permanecer en silencio delante de Dios. 

Para permitir que nuestra alma vuelva a encontrar dirección. 

Porque llegará el momento en que muchas de las cosas por las que hoy corremos dejarán de tener importancia. 

Los títulos quedarán atrás. 

Las posiciones cambiarán. 

Las responsabilidades terminarán. 

Los logros perderán su brillo. 

Pero aquello que construimos en nuestra relación con Dios tiene valor eterno. 

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” 

Mateo 6:33 

Un Llamado a Ordenar Nuestras Prioridades

Dios no te está pidiendo que abandones tus responsabilidades. 

No te pide que descuides tu familia, tus estudios, tu trabajo ni los proyectos que ha puesto en tus manos. 

Te está llamando a recordar quién debe ocupar el primer lugar. 

Porque cuando Dios está en el centro, todo lo demás encuentra su posición correcta. 

Tal vez necesitas levantarte un poco más temprano para encontrarte con Él. 

Tal vez necesitas apagar el teléfono durante algunos minutos. 

Tal vez necesitas aprender a decir que no a ciertos compromisos. 

Tal vez necesitas volver a abrir esa Biblia que lleva días esperando. 

O simplemente sentarte en silencio delante de Dios y decir: 

“Padre, estoy aquí. Quiero volver a escucharte.” 

No permitas que lo urgente te robe lo eterno. 

No vivas tan ocupado construyendo una vida que olvides relacionarte con Aquel que te dio la vida. 

Trabaja. 

Estudia. 

Crece. 

Sirve. 

Cumple con excelencia cada responsabilidad que Dios ha puesto en tus manos. 

Pero nunca estés tan ocupado haciendo cosas para Dios que dejes de estar con Dios. 

Porque al final, entre todas las cosas que reclaman nuestra atención, Jesús sigue recordándonos que solo una es necesaria. 

Y esa buena parte jamás nos será quitada. 

🙏 Oración

Padre, perdóname por las veces en que he permitido que mis responsabilidades, preocupaciones y compromisos ocupen el lugar que solo te pertenece a Ti. 

Ayúdame a ordenar mis prioridades y a no entregarte únicamente lo que queda de mi tiempo y de mis fuerzas. 

Enséñame a trabajar, servir y cumplir con mis responsabilidades sin perder la intimidad contigo. 

Que nunca esté tan ocupado haciendo cosas para Ti que olvide sentarme a tus pies, escuchar tu voz y disfrutar de tu presencia. 

Hoy decido escoger la buena parte. 

Quiero conocerte más, permanecer cerca de Ti y construir una relación contigo que tenga valor eterno. 

En el nombre de Jesús. 

Amén. 

🤔 Preguntas para Reflexionar

Si alguien observara cómo distribuyo mi tiempo durante una semana, ¿podría reconocer que Dios ocupa el primer lugar de mi vida? 

¿Qué responsabilidades, actividades o distracciones están ocupando actualmente el espacio que debería dedicar a mi relación con Dios? 

¿Estoy haciendo muchas cosas para Dios, pero pasando poco tiempo con Dios? 

¿Cuándo fue la última vez que estuve en la presencia de Dios sin prisas, sin mirar el reloj y sin pensar en la siguiente tarea? 

¿Qué cambio concreto puedo hacer desde hoy para proteger mi tiempo de oración, lectura de la Palabra e intimidad con Dios? 

Si continúo viviendo al ritmo actual durante los próximos años, ¿mi relación con Dios será más profunda o más distante?