Príncipe de Paz

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado,
Isaías 9:6
y el principado sobre su hombro;
y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”
Un Rey que vino en humildad
Aleluya! Ha nacido el Rey de reyes y Señor de señores, el Príncipe de paz.
No hay nadie como Él, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra. Su nombre es sobre todo nombre, y ante Él se doblará toda rodilla (Filipenses 2:9–11). Él es el Eterno, el Soberano, el Amado de nuestra alma; el que era, el que es y el que ha de venir (Apocalipsis 1:8).
Nació en un humilde pesebre, pero jamás perdió su poder ni su autoridad. No llegó rodeado de lujos, ni con ejércitos visibles, sino envuelto en sencillez, para mostrarnos que el Reino de Dios no se manifiesta como los reinos de este mundo.
Más que una celebración, una revelación
Este es tiempo de celebrarlo. No solo en Navidad, sino cada día. Porque todo es por Él y para Él (Colosenses 1:16–17). Todo se trata de Jesús.
No pierdas el enfoque en medio de esta temporada. No permitas que celebraciones vacías —que prometen llenar el corazón— te distraigan del verdadero motivo de gozo. El mundo ofrece momentos pasajeros, pero solo Cristo ofrece plenitud verdadera.
Nuestra identidad no está en lo que poseemos, ni en lo que logramos, ni en cómo celebramos externamente. Nuestra identidad está en Cristo. En Él somos llamados hijos e hijas de Dios, conocidos y escogidos desde antes de nacer (Jeremías 1:5).
La paz que transforma la vida
Celebra el nacimiento de Cristo, sí.
Pero celebra aún más lo maravilloso de vivir en Cristo.
Porque solo en Él hay verdadera saciedad para el alma (Juan 6:35). Hay muchos motivos aparentes para celebrar, pero uno solo es eterno y verdadero: Jesús.
Un Rey nos ha nacido.
Un Príncipe nos ha sido dado.
Su llegada abrió el camino para que naciéramos de nuevo, para restaurar nuestra relación con el Padre y vivir bajo Su cuidado fiel. Él vino a darnos paz: no una paz frágil o circunstancial, sino la certeza profunda de que el Padre cuida cada detalle de nuestra vida (Mateo 6:26–27).
Un llamado a vivir desde esa paz
Por eso la Navidad no es solo una época de alegría superficial.
Es un recordatorio profundo del amor que descendió.
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Hebreos 4:16
Un llamado a vivir desde esa paz
Canta. Danza. Celebra.
Pero sobre todo, vive desde la paz que Él trajo.
Es Navidad: tiempo de gozo, de gratitud y de adoración. No solo porque recordamos un nacimiento, sino porque ese nacimiento nos dio acceso a la vida eterna, al perdón y a una relación viva con Dios.
“Gloria a Dios en las alturas,
Lucas 2:14
y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.”
Oración
Señor Jesús,
Hoy reconocemos que Tú eres el Príncipe de Paz.
Gracias por haber descendido del cielo para traernos vida, esperanza y reconciliación con el Padre.
En medio del ruido, las distracciones y las preocupaciones, ayúdanos a mantener nuestros ojos puestos en Ti.
Que esta Navidad no sea solo una fecha en el calendario, sino una experiencia viva de Tu presencia en nuestros corazones.
Gobierna nuestros pensamientos, aquieta nuestras emociones y enséñanos a vivir desde la paz que solo Tú puedes dar.
Hoy rendimos nuestra vida delante de Ti y declaramos que todo es por Ti y para Ti.
Amén.

