Deja que el amor te mueva

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres;
1 Corintios 13:13
pero el mayor de ellos es el amor.”
Cuando el amor despierta acciones
Hay relaciones que marcan nuestra vida de una manera única. En mi caso, una de las más especiales es la que tengo con mi tía Emie. Ella es un regalo para toda la familia, pero entre nosotras existe un lazo aún más profundo. Nos entendemos sin palabras, compartimos alegrías y somos felices simplemente estando juntas.
Hace poco tuve la oportunidad de reencontrarme con ella después de varios años separadas. Cuando comprendí que la única forma de verla era viajando a Estados Unidos, algo dentro de mí se despertó. Nunca antes me había interesado obtener una visa, pero el deseo de abrazarla nuevamente fue más fuerte que cualquier obstáculo.
Fue ese amor el que me impulsó a moverme, a actuar, a dar pasos que antes no había considerado. Fue ese amor el que me llevó a presentarme delante de Dios con todo mi corazón, pidiéndole la oportunidad de volver a verla. Y en su bondad, Él dijo “sí”.
Lo que realmente nos mueve
Esa experiencia me llevó a reflexionar sobre una verdad profunda: no todo nos mueve de la misma manera. Hay cosas que, en otro tiempo, no habrían tenido importancia, pero cuando el amor está en el centro, todo cambia.
El amor transforma lo imposible en posible. Nos inspira a hacer lo que nunca habíamos considerado, nos empuja a superar barreras y a atravesar procesos que antes evitábamos. Cuando el amor está presente, el miedo pierde fuerza y la comodidad deja de gobernar nuestras decisiones.
La Palabra lo expresa con claridad:
“El amor es paciente, es bondadoso… todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
1 Corintios 13:4,7
El peligro de actuar sin amor
Cuando nuestras acciones no nacen del amor, terminan vacías. Hacer algo solo por obligación, costumbre o conveniencia deja un hueco interior, porque los motivos no son los correctos. Podemos cumplir tareas, decir palabras correctas e incluso hacer cosas “buenas”, pero si el amor no es el motor, todo se vuelve superficial y pasajero.
En cambio, cuando el amor que proviene de Dios es el que nos impulsa, cada acción cobra un sentido eterno. Nada es en vano. Nada se pierde. Todo tiene propósito.
Una invitación personal
En mi caso, ese amor me llevó a hacer algo aparentemente simple, pero de un valor incalculable. En el tuyo, tal vez te esté impulsando a algo distinto: a perdonar, a intentarlo una vez más, a soltar el orgullo, a acercarte a alguien de quien te habías alejado, o a dar un paso que te asusta.
No importa cuál sea la situación. Si es Dios quien ha puesto ese deseo en tu corazón, confía. Todo va a estar bien. Permite que el amor que Él deposita en ti sea lo que te mueva, y deja que tu Padre celestial se encargue de lo demás.
Porque cuando el amor de Dios dirige nuestros pasos, nunca caminamos solos.
Oración
Señor, hoy vengo delante de Ti con un corazón abierto. Reconozco que muchas veces he tomado decisiones desde el miedo, la comodidad o el cansancio, y no desde el amor que proviene de Ti. Perdóname cuando he dejado de moverme por amor y he permitido que otras voces dirijan mis pasos.
Hoy te pido que vuelvas a encender en mí Tu amor, ese amor puro que no busca lo suyo, que no se rinde ante los obstáculos y que confía aun cuando no entiende el proceso. Enséñame a actuar desde ese amor que transforma, que sana y que construye conforme a Tu voluntad.
Si hay pasos que debo dar y me he detenido por temor, dame la valentía para avanzar. Si hay puertas que debo tocar, dame la fe para hacerlo. Si hay personas a las que debo acercarme, ayúdame a soltar el orgullo y obedecer Tu voz.
Que no sea la obligación ni la costumbre lo que guíe mi vida, sino Tu amor derramado en mi corazón por medio del Espíritu Santo. Confío en que, cuando Tú eres quien me mueve, todo obra para bien.
En el nombre de Jesús,
Amén.


