El Sueño de Dios en la Tierra

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
Efesios 2:10
las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”
“Antes que te formase en el vientre te conocí,
Jeremías 1:5
y antes que nacieses te santifiqué…”
No eres un accidente
Tú y yo no somos un accidente. Somos el anhelo divino, el sueño de Dios manifestado en la tierra con un propósito trascendente. Desde la eternidad, antes de que nuestros días comenzaran, el Padre no solo nos concibió, sino que también diseñó el camino que recorreríamos. Preparó de antemano todo lo necesario para que camináramos conforme a Su voluntad soberana y perfecta.
Nada en tu vida es improvisado. Dios no actúa al azar. Antes de que dieras tu primer respiro, Él ya había pensado en ti, en tu llamado, en tus dones y en los sueños que pondría dentro de tu corazón.
El intento constante de apagar los sueños
Sin embargo, desde el principio existe un adversario que busca destruir todo lo que Dios ha creado para bien. Su objetivo no es solo atacar al ser humano, sino desvirtuar el plan, apagar la visión y separar al hombre de su Creador. Quiere impedir que vivamos conforme al propósito eterno y que los sueños de Dios en nosotros se queden inconclusos.
Cuando el desánimo susurra al alma y te dice que no vale la pena seguir luchando, que es demasiado tarde o que no tienes lo necesario, debes reconocerlo: esa no es la voz de Dios. Es el enemigo intentando ganar terreno, paralizarte con duda y robarte la fe.
Su estrategia es verte inmóvil, convencido de que no puedes alcanzar aquello que Dios ya declaró posible para ti.
Nunca es tarde para soñar
Viví una experiencia que marcó profundamente mi manera de ver los sueños. Conversando con mi tía —la hermana mayor de mi madre— me conmovió descubrir que, a sus 96 años, todavía soñaba. Con una ilusión intacta en sus ojos, me confesó que anhelaba viajar a París. No veía límites: ni la edad, ni las condiciones externas, ni las dificultades. Simplemente soñaba… y lo hacía con la certeza de que era posible.
Ese momento me recordó una verdad poderosa:
“Si puedes creer, al que cree todo le es posible.”
Marcos 9:23
¿Qué haces con los sueños que Dios puso en ti?
Y tú, ¿qué haces con tus sueños?
¿Te atreves a soñar a pesar de todo, o permites que las circunstancias limiten tu visión?
¿Le das más espacio a las voces que dicen “no puedo”, “no tengo”, “no sé”, que a la voz de Dios?
Atrévete a creer. Todo es posible para el que cree. Todo lo puedes en Cristo que te fortalece.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13
Sueña con la convicción correcta
No permitas que ninguna voz —humana o espiritual— limite la grandeza de los sueños que Dios puso en ti. Tú tienes el potencial de alcanzar todo aquello que Él dijo que podrías lograr. No existe poder capaz de impedirlo, a menos que cedas espacio a la duda y decidas creer más en las voces contrarias que en la Palabra eterna de Dios.
Sueña.
Pero sueña con convicción.
Sueña sabiendo que Dios ya te proveyó todo lo necesario: dones, capacidades, herramientas y gracia suficiente.
Aquel que te llamó y sembró esos anhelos en tu espíritu tiene también el poder absoluto para hacerlos realidad. Porque no se trata solo de tus sueños… se trata del sueño de Dios en la tierra, manifestado a través de tu vida.
Oración
Padre amado, hoy me presento delante de Ti con un corazón dispuesto a creer. Gracias porque mi vida no es un accidente, porque antes de que existiera ya me conocías y ya habías soñado conmigo. Gracias por los sueños que sembraste en mi espíritu, por el propósito que trazaste desde la eternidad y por cada don que pusiste en mis manos.
Hoy renuncio a toda voz de desánimo, duda o temor que ha intentado apagar mi fe. Rechazo la mentira que me dice que no puedo, que es tarde o que no tengo lo suficiente. Decido creerle a Tu Palabra por encima de mis circunstancias y descansar en la certeza de que Tú ya preparaste el camino por donde debo andar.
Renueva mi visión, Señor. Devuélveme la capacidad de soñar sin límites, de creer sin reservas y de caminar con valentía hacia aquello que Tú diseñaste para mí. Si en algún momento me detuve, hoy me levanto. Si dudé, hoy vuelvo a confiar.
Declaro que los sueños que vienen de Ti se cumplirán en mi vida, porque Aquel que promete es fiel para cumplir. Me entrego a Tu propósito y me dispongo a ser instrumento de Tu sueño en la tierra.
En el nombre de Jesús,
Amén.


