No Eres Tus Errores

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse;
Proverbios 24:16
mas los impíos caerán en el mal.”
Cuando el error intenta definirte
Dios, en Su infinito amor y soberanía, te creó con un propósito admirable y depositó en ti cualidades extraordinarias. Fuimos hechos a Su imagen y semejanza, portadores de Su esencia creadora (Génesis 1:26). Sin embargo, el adversario, consciente de tu potencial y de la herencia divina que portas, se empeña en distorsionar esta verdad.
Su estrategia es clara: señalar con insistencia tus fallas, tus limitaciones y, sobre todo, recordarte una y otra vez tus errores y pecados. Su único objetivo es verte postrado(a), desanimado(a) y convencido(a) de que ya no hay esperanza para ti.
Voces que no definen tu identidad
Lamentablemente, también encontramos personas que —de manera intencional o no— se convierten en ecos de esa voz acusadora. Siempre dispuestas a señalar lo que salió mal, el momento en que fallaste, la caída más reciente. Se enfocan en el fracaso visible y no logran ver la obra de redención que Dios está realizando en tu vida.
Pero necesitas entender esto con claridad: tú no eres la suma de tus errores. No eres tu peor momento. No eres tu caída más dolorosa. Nada de eso define quién eres en Dios.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
Romanos 8:1
La mirada de Dios es distinta
Dios no te mira como te miran los hombres, ni como intenta hacerlo el enemigo. Él ve lo que Él mismo diseñó. Ve el potencial que sembró en ti. Ve el final de tu historia antes de que el proceso termine.
Te ve cumpliendo Sus sueños, caminando conforme a Su perfecta voluntad y viviendo la plenitud para la cual fuiste creado(a). Él te conoció antes de que fueras formado(a) en el vientre de tu madre y ya había determinado tu propósito (Jeremías 1:5).
Nuestro Padre no utiliza tus errores como arma. Él no te recuerda constantemente tus pecados pasados ni te señala con condenación. Por el contrario, extiende Sus manos para levantarte, te anima a seguir adelante y te recuerda que siempre hay salida, aun desde las caídas más profundas.
El llamado: levantarte y seguir
Si hoy estás atravesando una etapa de prueba, si has fallado —como fallamos todos—, no te desanimes. Ese tropiezo no es el final ni tiene autoridad para dictar el resto de tu historia.
Si fallaste, retoma el rumbo.
Si necesitas detenerte para evaluar, hazlo con humildad.
Pero jamás te rindas.
Ve delante del Señor en arrepentimiento cuando sea necesario y recibe Su perdón. No permitas que la mentira te convenza de que, por un error, Dios ya no puede perdonarte, limpiarte o restaurarte. Es justamente en esos momentos de mayor vulnerabilidad cuando Su gracia se manifiesta con más fuerza.
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar.”
1 Juan 1:9
Tu historia aún se está escribiendo
Si te rindes al desánimo, le darás la razón al enemigo y a quienes creen que tu única marca es el error. Pero si decides escuchar la voz de Dios, comprenderás que los fracasos no son el final, sino oportunidades para experimentar Su gracia restauradora y permitir que Él saque la mejor versión de ti.
Porque en Cristo, tu historia no termina en la caída.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es;
2 Corintios 5:17
las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
Oración
Padre bueno, hoy vengo delante de Ti reconociendo que he fallado. Reconozco mis errores, mis tropiezos y las veces en que he permitido que la culpa y la vergüenza intenten definir quién soy. Pero hoy decido creerle a Tu verdad y no a la mentira del enemigo.
Gracias porque Tu amor no se agota cuando caigo, y Tu gracia no se retira cuando me equivoco. Gracias porque Tú no me miras con condenación, sino con misericordia. Hoy recibo Tu perdón, Tu restauración y Tu fuerza para levantarme una vez más.
Ayúdame a soltar el pasado que intenta atarme y a caminar hacia el propósito que Tú diseñaste para mí. Renueva mi mente, fortalece mi corazón y enséñame a verme como Tú me ves: redimido(a), amado(a) y llamado(a) por Ti.
Declaro que mi historia no está definida por mis errores, sino por Tu obra en mí. Me levanto en Tu nombre, continúo caminando y confío en que Aquel que comenzó la buena obra en mí, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
En el nombre de Jesús,
Amén.

