¿Quién Sabe si Para Esta Hora Has Llegado al Reino?

La vida nos confronta con momentos que nos colocan al límite de nuestras fuerzas y entendimiento. No siempre son situaciones de vida o muerte en el sentido literal, pero sí pueden convertirse en crisis espirituales profundas que nos obligan a decidir quiénes somos y para qué estamos aquí.
Muchas veces, esas circunstancias que parecen abrumadoras son, en realidad, el empuje divino que nos lleva a abrazar la asignación que Dios preparó para nosotros desde antes de nacer.
El momento que lo cambia todo
El libro de Ester nos presenta uno de esos instantes decisivos:
“¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”
Ester 4:14
Un decreto de exterminio había sido firmado contra el pueblo judío. Ester, aunque reina, no estaba exenta del peligro. Su identidad podía ser revelada en cualquier momento. Mardoqueo comprendía algo que ella aún no había dimensionado: su posición no era casualidad, era propósito.
Y la confrontó con una verdad incómoda pero necesaria: si callaba, Dios levantaría liberación de otro lugar, pero ella perdería la oportunidad de cumplir su asignación.
Cuando alguien nos recuerda quiénes somos
Muchas veces somos ciegos a la providencia que opera en nuestro presente. Estamos tan enfocados en el temor o la comodidad que olvidamos por qué Dios nos colocó donde estamos.
Ester necesitó que alguien le recordara su llamado.
Nosotros también, en ocasiones, necesitamos una voz que nos despierte.
Tal vez hoy estás en una posición estratégica:
en tu familia, en tu trabajo, en tu iglesia, en tu comunidad.
Y quizás te preguntas por qué tú.
La pregunta correcta no es “¿por qué yo?”, sino:
¿y si es precisamente para esta hora?
El atrevimiento que activa la gracia
La grandeza de Ester no estuvo en su título de reina, sino en su decisión de asumir el riesgo.
“Entraré a ver al rey… y si perezco, que perezca.”
Ester 4:16
Ella convocó ayuno. Se alineó espiritualmente. Se preparó. Y luego actuó.
Y entonces ocurrió lo sobrenatural
“Ester obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió el cetro de oro…”
Ester 5:2
El atrevimiento, cuando está alineado con la voluntad de Dios, activa la gracia. No fue imprudencia; fue obediencia. No fue temeridad; fue fe.
El llamado sigue vigente
Hoy el mismo llamado resuena para nosotros.
Atrévete.
Avanza.
Intercede.
Habla.
Permanece firme.
No necesitas garantías humanas. Necesitas la certeza de que Dios está contigo.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…”
Romanos 8:28
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13
Si estás donde estás por diseño divino, no retrocedas por temor. Cuando alineas tu voluntad con el propósito eterno, Dios mismo extenderá el cetro.
Tal vez no fue casualidad.
Tal vez no fue coincidencia.
Tal vez llegaste al reino… para esta hora.
Oración
Padre eterno, hoy me presento delante de Ti reconociendo que nada en mi vida es casualidad. Si me has colocado en este tiempo, en este lugar y en esta posición, no es por accidente, sino por propósito. Perdóname cuando el temor me ha paralizado o cuando he querido esconderme en la comodidad en lugar de asumir la asignación que Tú me has confiado.
Señor, si he llegado “al reino para esta hora”, dame el valor de Ester. Dame un corazón dispuesto a obedecer aunque implique riesgo, incomodidad o sacrificio. Enséñame a prepararme en oración, a depender de Ti antes de actuar y a confiar en que Tu gracia me precederá.
Extiende sobre mi vida Tu cetro de favor. Que cuando avance en obediencia, encuentre Tu respaldo. Que no me mueva la presión ni el miedo, sino la certeza de que Tú estás conmigo.
Hoy decido alinearme con Tu propósito. Si debo hablar, hablaré. Si debo interceder, intercederé. Si debo avanzar, avanzaré. Porque prefiero obedecer y confiar en Tus manos que callar y perder la oportunidad de cumplir el llamado eterno que pusiste sobre mí.
Aquí estoy, Señor.
Si es para esta hora, úsame.
En el nombre de Jesús,
Amén.
